martes, 6 de marzo de 2012


Guerra de las Dos Rosas                                                        

La Guerra de las dos Rosas fue una guerra civil que enfrentó intermitentemente a los miembros y partidarios de la Casa de Lancaster contra los de la Casa de York entre 1455 y 1485. Ambas familias pretendían el trono de Inglaterra, por origen común en la Casa de Plantagenet, como descendientes del rey Eduardo III.

Rosa de la casa Lancaster

El nombre "Guerra de las dos Rosas" o "Guerra de las Rosas", en alusión a los emblemas de ambas casas, la rosa blanca de York y la roja de Lancaster, fue producto del Romanticismo.


Rosa de la casa York

La guerra se dio principalmente entre los miembros de la aristocracia terrateniente y ejércitos de los señores feudales. El apoyo a cada uno de los bandos dependió en gran medida de los matrimonios dinásticos entre la nobleza. El patriarca de la casa de Lancaster, Juan de Gante tuvo como primer título el de Conde de Richmond, el mismo que detentaría Enrique VII al final de la guerra. El líder de la casa de York fue Edmundo de Langley, que ostentaba el Señorío de Cambridge. Más tarde, durante los reinados de los Tudor y de los Estuardo, Richmondshire y Cambridgeshire se transformarían en focos principales de recusantes y puritanos, respectivamente. Cabe destacar que la pelea entre las facciones se prolongó más allá de la época de Enrique, ya que los monarcas que le siguieron impulsaron la continuidad de los enfrentamientos.

Rosa Tudor

La Guerra de las Dos Rosas provocó la extinción de los Plantagenet y debilitó enormemente las filas de la nobleza, además de generar gran descontento social. Este período marcó el declive de la influencia inglesa en el continente europeo, el debilitamiento de los poderes feudales de los nobles y, en contrapartida, el aumento de influencia por parte de los comerciantes, y el crecimiento y fortalecimiento de una monarquía centralizada bajo los Tudor. Esta guerra señala el fin de la Edad Media inglesa y el comienzo del renacimiento.

Pese a que los enfrentamientos armados habían estallado ya en el período anterior, entre los adherentes del rey Enrique y los seguidores de Ricardo, Duque de York, fue durante los años 1455 y 1489 cuando se desarrollaron las principales acciones armadas de la Guerra de las Dos Rosas.
El 22 de mayo de 1455, mientras el Duque de York dirigía una pequeña fuerza hacia Londres, fue enfrentado por las tropas leales de Enrique en el poblado de San Albano (St. Albans). Este primer combate abierto de la guerra, pese a ser de escala reducida, se fundó en la intención de Ricardo de eliminar de la corte a los “malos consejeros” del rey. El resultado fue la derrota de las fuerzas de Lancaster, muriendo en acción varios de sus líderes, entre ellos Somerset. York y sus aliados reconquistaron sus posiciones de influencia. Por un tiempo, ambos bandos se sintieron impresionados por haber llegado al campo de batalla, y realizaron sus mejores esfuerzos para alcanzar la reconciliación. Sin embargo, el rey volvió a sufrir un ataque de demencia, designándose a York como Lord Protector y a la reina Margarita como encargada del cuidado del monarca, una posición secundaria y al margen del poder.
Después de la Primera Batalla de San Albano, el compromiso adquirido por las partes en 1455 llegó a alcanzar cierto éxito, con York a la cabeza del Consejo hasta la recuperación de Enrique. Pese a esto, los problemas generados por el conflicto emergieron de nuevo, en especial el asunto de si correspondía a Ricardo o a Eduardo de Westminster (hijo de Enrique VI y Margarita) la sucesión de la corona. La primera alternativa era inaceptable para Margarita, quien rechazó cualquier solución que significara el desheredamiento de su hijo, dejando en claro que toleraría esa situación tanto como durara la supremacía militar del Duque de York. Enrique se recuperó en el interior del país en 1456, pero la reina no le permitió regresar a Londres. Por lo menos en el interior del reino contaban con alta popularidad, no así en la capital, donde los mercaderes estaban descontentos por la caída en los mercados y el amplio desorden. Por estas razones, la corte del rey se estableció en la ciudad de Coventry, donde el nuevo Duque de Somerset, Enrique Beaufort, ascendía en popularidad llenando los zapatos vacíos de su padre. La reina consiguió convencer a su esposo de la importancia de desconocer los nombramientos y arreglos hechos por York, y le ordenó regresar a su posición en Irlanda. Los disturbios aumentaron y se sucedieron en la capital y por toda la costa sur, pero el rey se mantuvo en sus cuarteles reforzando sus posiciones. La reina estableció la conscripción obligatoria por primera vez en Inglaterra, realizando levas para sus ejércitos. Mientras tanto, la popularidad de Ricardo Neville, Conde de Warwick y aliado de York crecía sin pausa, emergiendo como el campeón de las clases mercantiles.

                                                             El Castillo de Ludlow.

Ante tal situación, York decidió regresar a Inglaterra, retomándose las hostilidades el 23 de septiembre de 1459 en la Batalla de Blore Heath en Staffordshire. Esta acción significó el fracaso del gran ejército de Lancaster en evitar que la fuerza de los York dirigida por Lord Salisbury, proveniente del Castillo de Middleham en Yorkshire, se reuniera con las tropas acuarteladas en el Castillo de Ludlow. Sin embargo, la guerra continuó con un triunfo de los Lancaster en la Batalla del Puente de Ludford, que forzó la huida hacia Calais de Eduardo, el hijo mayor de York (y posterior rey Eduardo IV de Inglaterra), Salisbury y Warwick. Los Lancaster recuperaron el control total, nombrando a Somerset gobernador de Calais. Sus intentos de derrotar a Warwick fueron fácilmente truncados. Entre 1459 y 1460, los seguidores de York acosaron, desde Calais, distintos puntos de la costa inglesa, acrecentando la sensación de caos y desorden.
Para 1460, Warwick y sus seguidores estaban listos para iniciar la invasión de la isla, estableciéndose en Kent y en Londres, donde encontraron mucho apoyo. Enrique dirigió un ejército hacia el sur, mientras Margarita se quedó en el norte con el Príncipe Eduardo. El 10 de julio de 1460, las fuerzas se encontraron en la Batalla de Northampton, que probó ser un completo desastre para los Lancaster. El ejército de York, dirigido por Ricardo Neville, ayudado por la traición entre los dirigentes Lancaster, logró capturar al rey Enrique VI, llevándolo prisionero a Londres.

El triunfo de los York                    


Eduardo había avanzado por el oeste hasta los alrededores de Londres, donde reunió sus fuerzas con las de Warwick. Al coincidir con la retirada de la reina Margarita al norte, hacia la ciudad de Dunstable, Eduardo y Warwick pudieron entrar a Londres con su ejército, donde fueron aclamados y recibidos con entusiasmo, dinero y provisiones por parte de la más grande ciudad “yorkista”. Con su padre y hermano muertos en batalla, la guerra se había convertido a esas alturas en una pelea por la mismísima corona, ya que Eduardo de York no podía argumentar que quería separar al rey de sus “malos consejeros”. La necesidad de autoridad por Eduardo se vio resuelta cuando el Obispo de Londres le preguntó su parecer al pueblo, que respondió con gritos y hurras al “Rey Eduardo”. El Parlamentó no hizo sino confirmar la opinión popular, logrando coronarlo en una precipitada ceremonia en la Abadía de Westminster entre escenas de júbilo.
Así Warwick y York habían capturado la ciudad de Londres, pese a que Eduardo hizo votos de no tener una coronación formal mientras Enrique y Margarita no hubieran sido ejecutados o exiliados. También anunció que Enrique había violado el Acta de Acuerdo al permitir que su esposa levantara ejércitos contra los herederos al trono. Por tanto, el argumento legal pasó a ser que la victoria de Eduardo no era más que su restauración en sus legítimos derechos, de manera que Enrique y los Lancaster no habían sino usurpado sus poderes.
Una vez consolidada la situación en la capital, York y Warwick se dirigieron al norte, levantando un gran ejército. Sus fuerzas se toparon con el también gran ejército de la reina en el pueblo de Towton. La Batalla de Towton se convirtió en la más grande y sangrienta de la Guerra de las Dos Rosas. Ambas partes habían acordado de antemano que todos los problemas se decidirían finalmente ese día, peleando sin pedir ni dar cuartel. Se estima que entre 40.000 y 80.000 hombres tomaron parte en el enfrentamiento, con una cifra cercana a los 20.000 muertos durante (y después) del combate: un número extremadamente alto para la época, considerado el máximo derramamiento de sangre en un solo día en el Reino Unido. El nuevo rey y su ejército ganaron esta batalla decisiva. Mientras los Lancaster eran diezmados, con la mayoría de sus líderes muertos, Enrique y Margarita, en compañía de su hijo Eduardo, esperaban en York las noticias de la batalla. Apenas se enteraron del macabro resultado, decidieron huir al norte. Muchos de los lores que apoyaban la causa de Lancaster cambiaron de bando ese día, apoyando al rey Eduardo. Los que no lo hicieron fueron perseguidos hacia el norte, donde se refugiaron en unos pocos castillos, al igual que en el País de Gales. Eduardo se dirigió hacia la ciudad de York con el fin de conquistarla, enfrentándose a las cabezas cortadas de su padre, su hermano y Salisbury. Éstas fueron rápidamente remplazadas por las de destacados líderes de la Casa de Lancaster, entre los que se contaba al famoso Lord Clifford de Skimpton-Craven, quien ordenó la ejecución del hermano de Eduardo, Edmundo, después de la Batalla de Wakefield.
Enrique y Margarita se refugiaron en Escocia, donde se quedaron en la corte del rey Jacobo III. Con la promesa renovada de la entrega de Berwick, intentaron cumplir su juramento de invadir nuevamente Carlisle ese mismo año. Sin financiamiento y con escaso apoyo, fueron fácilmente derrotados por las tropas de Eduardo, quien aprovechó la incursión para expulsar a los últimos miembros de la Casa de Lancaster que se refugiaban en el norte.
La coronación oficial de Eduardo IV tuvo lugar en junio de 1461 en Londres, donde recibió el clamoroso saludo de sus súbditos como monarca de Inglaterra. Eduardo pudo gobernar en relativa paz por más de diez años.


Pese a su segura posición en el sur, Eduardo no logró consolidar el control de todo el territorio hasta 1464; más allá de las rebeliones estacionales, algunos castillos permanecieron en poder de los Lancaster por varios años. Las localidades de Dunstanburgh, Alnwick (asiento de la familia Percy) y Bamburgh -todas en Northumberland- fueron de las últimas en ser sometidas. La gran fortaleza del Castillo de Harlech en Gales se rindió en 1468, después de siete largos años de sitio. El depuesto rey Enrique fue capturado en 1465 y conducido como prisionero a la Torre de Londres donde, para la época, fue razonablemente bien tratado.
En 1464 se produjeron dos revueltas por la causa de Lancaster. La primera fue reprimida en la Batalla de Hedgeley Moor el 25 de abril, y la segunda en la Batalla de Hexham el 15 de mayo. Ambas fueron reducidas por John Neville, Marqués de Montagu, hermano de Warwick.

Enrique Tudor

En la Batalla de Bosworth, el 22 de agosto de 1485, las fuerzas de Enrique Tudor derrotaron a los ejércitos de Ricardo III, que murió durante la batalla, convirtiéndose así en el rey Enrique VII de Inglaterra. El novel rey fortaleció su posición casándose con la hija de Eduardo IV, Isabel de York, la mejor reclamante al trono de la Casa de York. Así reunió en su persona a las dos casas reales que con gran violencia habían combatido por el poder. Juntó la rosa roja de Lancaster con la rosa blanca de York, creando un nuevo emblema, la "Rosa Tudor". Para confirmar su preeminencia, Enrique ordenó matar a cualquier otro potencial pretendiente que cayera en sus manos, política que continuó su hijo Enrique VIII.
Muchos historiadores consideran el acceso al trono de Enrique VII como el efectivo punto final del conflicto. Otros arguyen que la guerra como tal terminó finalmente en la Batalla de Storke el 16 de junio de 1487, cuando fuera de toda lógica se alzó la figura del último pretendiente masculino de la casa de York, Eduardo, Conde de Warwick e hijo de Jorge, Duque de Clarence, hermano de Eduardo IV. Sin embargo, para males de la causa, el joven se encontraba realmente bajo la custodia de Enrique, por lo que el niño (llamado Lamberto Simmel) demostró no ser más que un impostor. Sus fuerzas, dirigidas por Juan de la Pole, Conde de Lincoln (que había sido designado heredero presunto por Ricardo III, aunque se había reconciliado con Enrique después de Bosworth), quien murió en la batalla. El joven Simmel, por su parte, fue perdonado ya que se consideró que no había sido más que un instrumento de los adultos, y fue enviado a trabajar en las cocinas reales.





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