jueves, 1 de marzo de 2012


Masonería y paramasonería en Estados Unidos

Órdenes fraternales y hermandades existían ya en Inglaterra a finales del prodigioso siglo XVII,
pero ninguna alcanzó el renombre de la Francmasonería. En sus orígenes, la Masonería 
medieval era una agrupación de artesanos y obreros de la construcción, responsables de la edificación de monumentos civiles y religiosos. Estos masones operativos formaban gremios y 
se reunían en logias o asambleas, a las que sólo tenían acceso los llamados masones 
aceptados. Para reconocerse utilizaban un código secreto de signos y palabras.
Al declinar la construcción, la Masonería adquirió un carácter especulativo, merced a la obra 
de un pastor protestante llamado Anderson, quien, en 1722, configuró un hermoso sistema de moralidad velado por alegorías e ilustrado con símbolos, que pronto extendió sus ramas por
todo el mundo. Inspirados por las doctrinas liberales que venían gestándose en Europa -las 
mismas que habían provocado en Inglaterra la denominada gloriosa revolución de 1688, que
 fue incruenta-, los masones pronto se granjearon las antipatías y las condenas de los gobiernos totalitarios europeos y de las autoridades eclesiásticas, que veían en ellos y en sus misteriosos cónclaves una amenaza contra el estado y la religión.
Hacia el año 1730 los soldados ingleses introdujeron la Masonería en las colonias americanas, creándose numerosas logias llevadas de los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. George Washington en América y Benjamin Franklin en Francia, a través de sus conexiones masónicas, tejieron la conspiración que en 1766 habría de promulgar la Declaración de Independencia
 e iniciar la guerra revolucionaria, cuyos resultados todos conocemos. 
Los oficiales que Washington seleccionara para sus campañas salieron en su mayoría de las
 logias masónicas. Alexander Hamilton, Paul Revere, Lafayette y muchos otros héroes 
revolucionarios fueron masones.Alcanzada la independencia, las logias disfrutaron durante 
algún tiempo de cierto auge. Pero en las primeras décadas del siglo XIX, la hostilidad que 
había encontrado la Masonería en algunos países europeos fue minando la opinión pública americana. En 1826 apareció una obra titulada Ilustraciones de la Masonería, escrita por un renegado llamado William Morgan. El autor hacía públicos cuantos secretos había guardado celosamente la gran 
familia masónica


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